Violencia Digital contra la Mujer

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Las tecnologías no son buenas o malas por sí mismas. Más bien, dependiendo del uso que hagamos de ellas pueden servirnos para algo tan contradictorio como ampliar o limitar derechos y libertades. En ese sentido, cada vez son más las mujeres que sufren algún tipo de agresión por el uso de Internet y los teléfonos móviles, algunas con carácter claramente sexual y otras no. De cualquier forma, es Violencia Digital contra la Mujer.


La relación de la Violencia contra la Mujer y la Tecnología se manifiesta en agresiones realizadas por perpretadores. En líneas generales, se valen de poder realizarlas desde el anonimato, a distancia, con  mínimo esfuerzo y poco costo. Y las realizan por hobby, por el prestigio que adquieren al difundirlas con otros perpretadores adicionales y porque pueden.


Las formas más frecuentes de Violencia contra la Mujer en relación con la Tecnología son:

 icon-angle-double-right Violencia verbal en forma de insultos, ofensas, humillaciones,…en redes sociales, chats, foros o webs. Seguro que a poco que pensemos se nos viene a la cabeza casos de mujeres conocidas que a raíz de un error lingüístico son humilladas con cientos y cientos de tuits por varios días seguidos.

 icon-angle-double-right Ciberacoso, que se produce cuando a través de los medios digitales se lleva a cabo un hostigamiento hacia la mujer mediante ataques personales, divulgación de información confidencial o falsa. Uno de los ejemplos más indignantes para la mujer es cuando el perpretador publica una foto de ella en una web de contactos sexuales junto a su teléfono y otros datos íntimos para que sea molestada. E inmediatamente, surgen otros perpretadores adicionales que publican otros tantos cientos de comentarios sexuales y agresivos.

 icon-angle-double-right Publicación de fotos robadas con cámaras ocultas de mujeres desnudas o con poca ropa realizadas en la playa, piscina, probadores de tiendas, aseos, cuartos de baño,…

 icon-angle-double-right Violencia dentro del marco de una relación de pareja o con víctimas de violencia machista. El perpretador instala dispositivos de espionaje en el móvil de su pareja o expareja para saber qué hace en cada momento, dónde está, con quién habla,…y así tener un contro total sobre su privacidad e intimidad.

 icon-angle-double-right Agresión sexual y violación donde la tecnología es utilizada por el perpretador para grabar y difundir la agresión o la violación. También cuando a través de los medios tecnológicos se lanzan avisos o mensajes falsos para atraer a las mujeres hacia lugares en los que terminan sufriendo agresiones, por ejemplo, castings o falsas entrevista de trabajo, o captación on-line para la trata de mujeres.

 icon-angle-double-right Sextorsión, donde el perpretador chantajea a la víctima con la publicación y difusión entre los familiares, amigos y conocidos de fotos de sí misma desnuda o de contenido sexual a cambio de dinero, o a cambio de que continúe en una relación sentimental con el agresor.

 icon-angle-double-right Violencia contra la mujer culturalmente justificada, donde la tecnología es el medio por el que se perpetúan esas agresiones como la explotación sexual on-line (sexcams); exhibicionismo on-line (envío por iniciativa propia del hombre de una foto íntima de sí mismo a través de mensaje privado sin que nosotras la hayamos solicitado).

Es decir, la mayoría de estas agresiones on-line, tienen una escalada que termina en violencia física real. Además, por supuesto, de las secuelas psicológicas y emocionales que desarrolla la víctima y que duran toda la vida, que desencadenan en:


MIEDO, ENFADO, ESTRÉS, CULPABILIZACIÓN, DEPRESIÓN, SUICIDIO


Esta Violencia Digital contra la Mujer supone una violación de:

icon-arrow-right El derecho a la integridad

icon-arrow-right El derecho a la autonomía corporal

icon-arrow-right El derecho de expresión libre en medios digitales

icon-arrow-right El derecho a participar de las comunidades virtuales

icon-arrow-right EL derecho al acceso a la información y al conocimiento


Por tanto, las mujeres ante una agresión o violencia on-line, terminan por alejarse del entorno digital, y por consiguiente dejan de participar activamente en la vida política, social y económica. Son anuladas e invisibilizadas.


Lo grave es que no existe un cuerpo jurídico concreto para los casos de Violencia Digital contra la Mujer.  Se suele recurrir a los cuerpos jurídicos que hacen referencia a los delitos informáticos, al derecho a la privacidad; a las leyes contra la pornografía infantil, contra los delitos sexuales o acoso sexual. Pero todos ellos presentan limitaciones en cuanto a las agresiones y violencia que se producen en entornos digitales y a través de medios tecnológicos.

Por ejemplo, la violación de privacidad la entendemos como la intromisión que llevan a cabo algunas empresas en la vida de las personas para saber sobre tus hábitos de compra, tus gustos, tu ocio,… Pero es complicado interpretar la violación de la privacidad referida a una violación cometida por un agresor. O por el contrario, se admiten como prueba en un juicio las actividades que una víctima publica en sus redes sociales tras una agresión, como hemos visto en un caso de reciente actualidad.

En algunos contextos, la difusión de una fotografía íntima de una mujer se interpreta como una falta más o menos grave de una norma social y no como una violación del derecho de la mujer a su propia integridad y autonomía corporal.

Es decir, se pone el énfasis en la criminalización de la víctima cuando debería ponerse en la prevención del delito. Se termina cuestionando la moralidad de la víctima y la violación se convierte en algo estigmatizante para la mujer, algo de lo que avergonzarse, ante lo que ocultarse y guardar silencio. De ahí, que muchas mujeres opten por no denunciar. Estas leyes necesitan ser revisadas y complementadas para:

 icon-check Concretar mejor las acepciones de Violencia Digital con base en el daño emocional y psicológico que se provoca a la víctima.

 icon-check Contemplar las violencias que las mujeres experimentan en entornos digitales.

Sin embargo, además del Estado que sería el encargado de legislar teniendo en cuenta la relación entre género y tecnología, hay otros agentes que pueden tomar partido para eliminar la Violencia Digital contra la Mujer. Podemos citar a:

 icon-asterisk Intermediarios y proveedores de servicios de Internet y telefonía móvil, porque sus decisiones tienen mucho peso en el diseño de políticas tecnológicas y tienen la responsabilidad ética de incorporar medidas de protección a las mujeres. Por ejemplo, sistemas eficientes de denuncias o quejas sobre abusos o violencia, y ayuda para detenerlos.

 icon-asterisk Organizaciones civiles y creación de comunidades virtuales que deben incorporar en los espacios públicos el debate de la Violencia Digital contra las Mujeres, y deben atraer a mujeres para que participen en el mismo, con informes basados en evidencias reales.

 icon-asterisk La sociedad en general, y cada uno de nosotros en particular, ofrecer ayuda y apoyo inmediato y a largo plazo a las víctimas.

En definitiva, tenemos una gran asignatura pendiente que no sólo pasa por formar y capacitar a las mujeres para que conozcan qué comportamientos ponen en riesgo su seguridad en los entornos digitales; sino también, y sobre todo, prevenir y detener la violencia a base de educación en igualdad a hombres y mujeres desde edades muy tempranas.


Recursos y bibliografía:

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