Hemos identificado la enseñanza con el hecho de transmitir contenidos con el objetivo de superar una prueba que verificara que dicha transmisión se había realizado con éxito. Y aunque sabemos que ya las necesidades formativas son otras, es un modelo tan enraizado que se sigue replicando porque nos faltan herramientas para cambiarlo.

En primer lugar, conocer esas necesidades e intereses de nuestro alumnado que solo aprenden aquello que les resulta útil y pueden integrar de manera inmediata porque les ayuda a entender fenómenos sociales, naturales, laborales,… que ocurren en su entorno.

Por consiguiente, debemos contemplar también su capacidad de aprendizaje más allá de las paredes del aula de formación evitando en lo posible hacer esa distinción de espacios y de tiempos donde la organización sólo es un espacio más pero no el único, y donde el tiempo es una oportunidad continua y permanente.

En una sociedad en red como en la que vivimos, no tiene valor para ellos poseer todo el conocimiento porque está accesible con tan solo un clic. Por tanto, como formadoras y formadores no somos valorados por poseer ese conocimiento. Más bien es el alumnado quien debe ocupar ese lugar protagonista en su proceso de aprendizaje, ofreciéndole la oportunidad de construir su propio conocimiento, permitiéndole que elaboren sus contenidos, que creen algo nuevo con lo que se identifiquen.

En ese sentido, el ABP es la estrategia didáctica que nos permite atender los intereses del alumnado y explorar nuevos modos de entender el aprendizaje; en proyectos que ofrecen desafíos que motivan y que deben ser superados mediante la cooperación, la búsqueda de soluciones alternativas, la comprobación de hipótesis; en el desarrollo de actitudes y habilidades que le ayuda a desenvolverse entre las dificultades y la incertidumbre que le va a exigir el mercado laboral y la vida adulta.