Organización del ABP como técnica didáctica

Pixabay / mauriciokell

Ya sé que organización de técnica didáctica, suena muy árido para empezar el primer post del año, pero…

Os confieso algo: Me encantaría mejorar mi forma de comunicarme en público.

Y os hago otra confesión: no tengo paciencia para estar sentada en un aula cinco horas o para escuchar consejos que no voy a ser capaz de reproducir todos a la vez en el momento en el que me levante de la silla. Eso de «los focos hacia mi persona» que dice una famosa cantante, me pone muy nerviosa.

Venga, va,…una última confesión: Me encanta el teatro. Por contradictorio que parezca, subirme a un escenario con más personas, no me da tanto reparo. El grupo siempre es muy importante en el aprendizaje.

¿Y qué tiene que ver esto con organizar una técnica didáctica basada en ABP?

Tengo clarísimo que mi manera ideal de mejorar la habilidad de hablar en público, sería participando en una obra de teatro. Desde la lectura del guión en un local de ensayo, pasando por la expresión corporal y oral, dominando el espacio físico y moverte con soltura (no tropezarme con el cable del proyector nunca más, es otro reto a conseguir), hasta el día de la representación logrando dominar el miedo escénico. ¿Qué mejor aprendizaje que ese?

Vimos por qué era preciso apostar por el ABP. Hoy, nos centramos en las condiciones mínimas que deben darse para la organización del ABP como técnica didáctica y que iremos desgranando en sucesivas píldoras, son:

  • Partir de las necesidades e intereses del alumnado.
  • Basarse en la búsqueda de alternativas y comprobación de hipótesis.
  • Provocar la interacción con otras personas y en un entorno real y no simulado.

Es decir, que el ABP debe construirse sobre la experiencia, siendo ésta la base para observar y reflexionar

David Kolb, en su teoría sobre el Ciclo del Aprendizaje Experiencial, establecía cuatro fases en función de cómo percibimos las experiencias y en función de cómo las procesamos:

Asímismo, Kolb también estableció cuatro estilos de aprendizaje según las cualidades predominantes de cada persona, que nos serán muy útiles en el futuro cuando tengamos que agrupar al alumnado para el trabajo cooperativo y para planificar la secuenciación de actividades:

De forma tal que, el eje Y nos permite definir cómo percibimos una experiencia de aprendizaje:

  • Sintiendo: Experiencia Concreta (EC)
  • Pensando: Conceptualización Abstracta (CA)

El eje de la X, nos permite definir cómo procesamos una experiencia de aprendizaje:

  • Observando: Observación Reflexiva (OR)
  • Experimentando: Experimentación Activa (AC)

¿Para qué te sirve tener en consideración el Ciclo Experiencial de Kolb?

Porque cuando acudes a impartir una formación, habrá personas que vayan motivadas y tengan ganas de aprender. Pero habrá una mayoría de ellas que van obligadas por un superior, o solo les interesa el certificado final, o vayan un poco desorientadas sin saber muy bien por qué van y para qué. Ni te cuento si encima cometes la imprudencia de decirles: ¡¡¡Vamos a trabajar por proyectos!!! Nada, olvídate y, sutilmente, pasa a la acción y sorpréndelos.

Tú, como formadora o formador, tienes que generar la necesidad de aprender

Y para ello:

  1. Crea una situación estimulante en la primera sesión de clase, ofréceles una vivencia positiva, permíteles sentir (Experiencia Concreta, EC).
  2. Una vez hayas creado esa situación, el alumnado (consciente o inconscientemente, es lo de menos), procesará esa información y relacionará ideas (Observación Reflexiva, OR).
  3. Llegados a este punto, el alumnado está en disposición de definir qué necesitan saber o qué información les falta para lograr el producto final que tú les propongas, (Conceptualización Abstracta, CA). Será el momento, en futuras y varias sesiones más, de formular hipótesis, plantear dudas, desarrollar planteamientos, investigar,…
  4. Y en la Experimentación Activa (EA), será necesario poner en práctica lo aprendido, ver qué resultado se ofrece o cómo impacta el producto final en el entorno sobre el que actúamos.

Imagínate que tú y yo vamos al mismo curso para mejorar nuestras habilidades comunicativas. Nos encontramos en un aula con sus mesas, sus sillas, su proyector con su correspondiente cable, tropezarte al entrar con el cable y ver en la pantalla una diapositiva que dice: «Elementos de la voz». Además, no conocemos a nadie y cuesta romper el hielo.

Otra opción es esperar encontrarte con todo eso, y tal cual cruzas el umbral de la puerta escuchas música de fondo, ves unos decorados, un baúl con disfraces y un guión teatral que dice: «Comunicar o no comunicar. He ahí la cuestión».

¿Con qué opción te quedas? Yo con la versión teatral, por supuesto.

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